Hay esperanza más alla de las pastillas

 

Febrero 2010




La atención familiar reduce ingresos y brotes en las personas con
esquizofrenia según un trabajo publicado en 'Psychological Medicine' por
un grupo de Alicante
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LA CONFIANZA COMO TERAPIA

Quién le iba a decir hace unos años a Susana, de 32 años, que iba a ser
protagonista de un artículo de la prestigiosa revista científica
Psychological Medicine. No solo ella. También sus padres, Adela, de 60
años, y Jaime, de 65; y otras 49 familias de L'Alacantí que han
demostrado que atender y confiar en las capacidades de las personas
puede ser tan importante e incluso más que el abordaje convencional
centrado en los fármacos en el difícil tratamiento de las personas con
esquizofrenia.

Ésta es una de las principales conclusiones de un trabajo publicado
recientemente y coordinado por el psiquiatra Manuel Girón, de la unidad
de salud mental del centro de Ciudad Jardín, en Alicante. En este
artículo muestra cómo un seguimiento adecuado a los familiares de
personas con esquizofrenia que les permita gestionar mejor la enfermedad
de sus hijos o hermanos -reducir las tensiones, comprender mejor los
síntomas, tratar de ponerse en el lugar del paciente- arroja resultados
muy superiores a los que pueden ofrecer sólo los medicamentos. Hasta el
punto de reducir enormemente las recaídas (12% en el grupo tratado
frente al 40% en el grupo de control) o las alucinaciones o los delirios
típicos de la enfermedad. También han conseguido disminuir los llamados
síntomas negativos -los comportamientos pasivos, la falta de expresión
afectiva, la falta de relación emocional, el aislamiento- "que se
consideraban que no eran modificables", destaca Girón. Y, sobre todo,
los incidentes graves por parte de los enfermos. En el grupo tratado no
hubo ni uno solo durante los dos años en los que se practicó la
intervención, frente al 32% de los otros pacientes, incluidos dos
fallecimientos. Uno, porque los delirios le impidieron seguir el
tratamiento de la grave enfermedad pulmonar que padecía; y otro, porque
tuvo un accidente con una motocicleta tras consumir sustancias tóxicas.

EL FACTOR FAMILIAR

Girón se planteó analizar la importancia del factor familiar en la salud
de estos enfermos. Estudios previos ya apuntaban que entre los factores
que influyen en que personas con esquizofrenia no recaigan y tengan un
mejor comportamiento social, por delante de la medicación, se encuentran
las familias que sepan tratar a los pacientes o tener trabajo. La
intención de este psiquiatra fue ir más allá y medir con el mayor
detalle posible la relevancia de tener un buen entorno familiar.

RESULTADOS DE UNA INVESTIGACION

Para ello, de entre 450 familias con pacientes con esquizofrenia de
L'Alacantí buscaron los casos más problemáticos, "aquellos en situación
de riesgo, una circunstancia que se relaciona con mayor probabilidad de
tener recaídas". Si tener un enfermo grave en casa es motivo de tensión,
la convivencia con personas con esquizofrenia es especialmente delicada.
Y las situaciones de estrés no son nada buenas para estos pacientes.

Se seleccionaron un centenar de grupos familiares, de los que 50
accedieron a participar. La mitad se someterían al programa de
intervención familiar por parte de psiquiatras, psicólogos, trabajadores
sociales y enfermeras y el resto servirían de grupo de control.
Mientras, se mantendrían los cuidados ordinarios que ya se les prestaba
a través de sus unidades de salud mental y la medicación.

LOS QUE MAQS SABEN SON LOS ENFERMOS Y FAMILIARES

Fueron dos años de trabajo, con visitas continuas a las familias, hacia
las que los especialistas se acercaron sin imposiciones. "Nuestra
aproximación partía de la base de que quienes más sabían eran los
enfermos y familiares", comenta Girón. A los nueve meses comenzaron a
percibir ligeros avances en las actitudes. A partir de entonces, el
objetivo se centró en mejorar la capacidad empática de los familiares,
de sintonizar emocionalmente con los enfermos.

UTILIZAR ADECUADAMENTE LOS RECURSOS

Tras la evaluación de los resultados, las conclusiones fueron
contundentes. "La enfermedad es claramente modificable" comenta Girón, y
"más allá de la medicación, hay recursos útiles para intervenir". "Las
familias y los pacientes tienen recursos, pero el problema es que no
saben ponerlos en marcha, hace falta una ayuda de fuera para que ellos
mismos los activen". Jaime, el padre de Susana comparte este punto de
vista. "He aprendido mucho, hay muchos aspectos que desconoces de la
enfermedad. Hay que tratar a estas personas con mucho cuidado, con
tacto".

Susana pone cara de que la conversación no va con ella. Pero enseguida
se anima: "voy a escribir un libro sobre mi vida", comenta. Mientras
tanto, sigue colaborando en proyectos relacionados con el estudio de su
enfermedad. Ahora de profesora. Por la tarde le toca volver al centro de
salud junto a otros pacientes para participar en unas sesiones en las
que explican a grupos de psiquiatras su experiencia con la
esquizofrenia. Quién sabe. A lo mejor Susana sale pronto en otro
artículo.

EL PREMIO ES UN CASTIGO

El estudio coordinado por Manuel Girón no solo refuerza la tesis de que
más allá de los fármacos (en buena medida imprescindibles) hay recursos
para intervenir con las personas con esquizofrenia. Y esos resortes
tienen mucho que ver con potenciar la integración en su entorno. Además,
demuestra que la intervención familiar es más eficiente económicamente
que la atención convencional.

El artículo publicado en Psychological Medicine el año pasado, sirvió de
base a Sonia Mañá, la Facultad de Medicina de la Universidad Miguel
Hernández, para elaborar una tesis doctoral en la que realiza una
completa evaluación económica del modelo. A pesar de que la intervención
familiar es más cara que la atención ambulatoria habitual por el
refuerzo de profesionales que requiere, el coste sanitario de los
pacientes que tuvieron este tipo de asistencia fue inferior al del grupo
de control. En el primer caso fue de 9,4 euros diarios por persona
frente a los 9,8 euros del segundo grupo, que tuvo más atenciones en
urgencias y hospitalizaciones.

El éxito del estudio coordinado desde la unidad de salud mental de
Ciudad Jardín de Alicante no pasó inadvertido al Ministerio de Sanidad y
fue incluido como ejemplo de buenas costumbres en la Estrategia en Salud
Mental del Sistema Nacional de Salud de 2007.

Pese a todo ello, una vez acabado el proyecto, que se desarrolló entre
los años 2001 y 2003 y pudo llevarse a cabo gracias al trabajo de los
profesionales fuera de sus horarios de trabajo y de diversas ayudas (La
Caixa, Fondo de Investigaciones Sanitarias, Fundació La Marató de TV3),
el programa de apoyo familiar desapareció.

LAS TRABAS ADMINISTRATIVAS

No sólo no se impulsó por parte de la Administración, sino que la
Consejería de Sanidad recortó el personal de la unidad de salud mental.
"Si nos hubieran mantenido los trabajadores, quizás le hubiéramos podido
dedicar más tiempo a alguna familia", comenta Antonia Molina,
trabajadora social del centro y colaboradora del proyecto. Programas
similares, que han avanzado en la rehabilitación de enfermos mentales,
como los impulsados en Aldaia y Torrent, tampoco han tenido continuidad
por parte de la Administración.

"Lo único que cuenta es la pastilla o la reclusión en centros privados",
se lamenta Girón. "No se valora que un enfermo y su familia con apoyo
puede salir adelante, en lugar de hincharles de medicamentos".
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JAIME PRATS - Alicante - 14/02/2010 - El País


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